"NOTICIA DE ESTE MUNDO", de Gonzalo Muro

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No hace aún mucho tiempo, unos meses, Gonzalo Muro, su autor, compañero de letras en Generación Bibliocafé, me hizo llegar un ejemplar de su muy reciente libro Noticia de este mundo, a la sazón ilustrado por Fuensanta Niñirola, también del mismo grupo literario, y yo, no he tenido por menos que escribir, un poco a vuela pluma, algunas palabras y reflexiones sobre él, sobre el libro, en el momento que me ha sido posible, y desde la impresión que me ha causado su lectura. Éstas son:

Se nota enseguida, y de qué manera, cuando un libro está escrito por y con oficio, o cuando se ha hecho desde el corazón, desde esa sensibilidad especial y profunda con que algunos cuentan, sin que esto último presuponga de ninguna manera que en lo realizado no exista oficio, y del bueno; es decir, sabiduría literaria y buenas formas. Noticia de este mundo es de aquellos que, sin duda alguna, pertenecen a esta última categoría.

No se trata de un libro extenso, porque, como bien se dice, las mejores esencias suelen estar contenidas en recipientes pequeños. Son 149 páginas que se dividen, casi a partes iguales, en literatura e imágenes. Las palabras, tan llenas de encanto, tan cargadas de delicada metáfora, pertenecen a un compañero de letras, como he apuntado al comienzo, de Generación Bibliocafé, Gonzalo Muro; las ilustraciones que acompañan cada apartado, a otra compañera del mismo grupo, que osa también, en muchas ocasiones y con muy buen pulso, escribir y hacer crítica literaria desde diversas plataformas digitales, Fuensanta Niñirola. Bonita ecuación o binomio, y de resolución perfecta, la de Gonzalo y Fuensanta, de palabras e ilustraciones respectivamente, para esta atractiva obra editada en 2014 por Mauro Guillén, de JAM Ediciones, y alma mater del grupo literario ya mencionado.

La obra se divide en varios apartados muy concretos: Origen, Soledad, Travesía, Canciones, Noticias, Autografías y, por último, Relatos. Vayamos, pues, por partes:

El “Origen”, pasando por cada uno de los días de la semana, es como un despertar paulatino a todo aquello que la vida nos ofrece, desde la asombrada y novedosa contemplación del Universo en el comienzo de la andadura que a todos nos aguarda (La noche se hizo con la luz del día mientras subíamos a los tejados y rellenábamos el vacío colocando planetas con los dedos…), hasta el asombro por el mismo nacimiento de la vida (Nuestras manos, sabias repentinamente, rebuscaron entre las patas de la yegua hasta encontrar una pequeña cabeza… A la cabeza le siguió un cuello, dos pequeñas patas dobladas, un cuerpo… La vida nos había sido revelada…), el despertar al amor (… Toqué su cuello y reconocimos un hormigueo. Unimos nuestras bocas y creímos vivir en el más dulce verano…), la experiencia del dolor (La fila era larga y pesada. La abrían los hombres y la cerrábamos mujeres y niños. Polvo y viento eran nuestro único paisaje, sed y hambre, las únicas voces…),  o la inalterable irreversibilidad de los hechos (Las palabras crean imágenes, reflejo del mundo que conocemos, pero no cambian el curso de los hechos… Por eso hoy no hay historia, no hay bellas palabras, sólo ideas desnudas…).

Para el autor, Gonzalo Muro, hay tres “Soledades” que encierra el libro, acaso entre otras más que silencia: la de aquel que aún no se ha escrito una carta que necesita recibir, mientras de sus ojos sin vida se escapa una lágrima que es la rúbrica de su argumento epistolar (“El hombre más solo del mundo se sienta a su mesa para escribir una carta a sí mismo… El hombre más aterrado del mundo aún no ha escrito su carta y la firma es una lágrima); la de un existir de seres y cosas que ya no lo podrá ser nunca porque fue a la muerte antes de ser vida (Su hijo aún no había nacido, pero ya tenía nombre… Su padre aún no sabía que lo sería ni había conocido a su madre… la madre vivía un sueño… Junto a su lápida hizo tallar la de su hijo y su marido, muertos todos en el mismo día…); y al final, la de aquella, que a pesar de su contundente presencia, conserva la fe en una ocasión futura que la venza y la destruya (… Mis pies de ciudad olvidaron la caricia de la arena… Mi boca… esparce silencios… Mi pelo caído alfombra las habitaciones… Pero… mi interior resiste al acecho de su oportunidad). El autor parece querer indicarnos que al final siempre hay una penúltima esperanza, porque no declina la necesidad humana de retenerla, y la creencia en ella, en esa esperanza, propicia nuestro nuevo paso hacia delante, y otro más, y otro... hasta encontrar el lugar exacto que elimine nuestros vacíos.

“Travesía” es un conjunto de cortas narraciones, a una sola página, que nos adentra en un viaje inquietante en automóvil rojo, acaso un llamativo haiga, al modo y manera de una road movie cinematográfica aún sin rodar, y de la que sólo existe un guión incipiente que se va escribiendo desde la inseguridad y la sorpresa a medida que se descubre el devenir de su propio contenido, repleto de visiones turbadoras hasta encontrar la luz, una razón que todo lo ordene. La Partida abre esta “Travesía” con la inquietud de quien se enfrenta a lo nuevo y desconocido (No quieras saber, no. El cielo esconde tormentas que enturbian tus sueños. No quieras oír, no. El viento aúlla entre las calles arrastrando papeles y colillas). Y el viaje continúa hasta El Cruce de Caminos, donde detener momentáneamente el continuo rodar, entre viejos fantasmas y un lamento del pasado (Ya no somos la luz del mundo… Ya no somos la sal de la tierra… Ya no somos el espíritu que alienta la Vida… Inertes entre lo inerte nos observamos con soberbia y miedo). El extraño viaje prosigue hasta El Anuncio y en una verde llanura suena una canción que acaso adelanta un próximo futuro entre las incertidumbres del espíritu (He oído los tambores de la Tierra… Sus notas presagian lluvia que hará brotar semillas, que harán brotar tallos, que harán brotar frutos y nuevas semillas…). La Confesión y Al Romper el Aba, son etapas sucesivas del viaje en las que encontrar tres figuras que descienden de sus monturas, y escuchar la voz del más anciano: … Tus sueños iluminarán el camino ollado y tus pies volarán ligeros por la senda; al fin un rayo de esperanza. Última Escala es el encuentro con un barco de madera anclado en el desierto, como una isla recóndita de alivio entre las arenas infinitas del desasosiego. El viajero del automóvil rojo lee en el libro de bitácora: No hay mar sin orilla… Que la noche no enturbie nuestra vista… Que la senda no impida cruzar los campos abiertos… Que sea el Hombre quien gobierne su propia nave. Al fin La Llegada; ya no hay más autopista por delante, y el desierto quedó atrás como un vago recuerdo. La ciudad resplandece con el nuevo día. El viaje ha concluido; el joven viajero reflexiona: … Tomo posesión de mí, camino, admiro el paisaje y me adentro en tus calles conocidas con mi nuevo mapa.

Ahora Noticia de este mundo nos muestra otro apartado: “Canciones”, y nos arrastra entre acordes imaginados y cadencias sutiles a un mar de quietud, donde cada pensamiento y cada realidad no luchan contracorriente, sino que hallan su sitio sin convulsión alguna. Las incertidumbres y los miedos parecen haber quedado atrás, tal vez superados para siempre. Desde la Canción de Todas las Cosas hasta la Canción de los Árboles del Camino, el autor, Gonzalo Muro, nos susurra en sus seis escritos una serenidad que antes fuera incertidumbre y desconcierto. Ahora todo parece estar en paz con su propia esencia: Tú pones nombre a todas las cosas. Fijas tu mirada en lo que es pequeño y lo haces hermoso… Sin saberlo, sin creerlo, pones música a todas las cosas, o Todo lo que importa cabe en una mirada… Todo lo que quiero está al alcance de una caricia… Todo lo que necesito se rebela a cada momento, o Los árboles del camino son más sabios. No dan pasos y nada buscan, saben con su infinita paciencia que todo llega a ellos.

Pero con el bloque “Noticias”, Gonzalo Muro vuelve a inquietar el ánimo del lector en un sobresalto buscado, medido, como para prevenirnos de que en el mundo, en nuestras vidas, existe lo bueno y lo malo entrelazándose sin descanso, sin solución de continuidad, y otorgándonos tanto ratos de felicidad como de tristeza, de fortaleza y de debilidad y angustia (Hay ejércitos que vuelan en la noche. Vanguardias amenazantes al acecho de lo que corre o vuela). Con Una Bomba en el Mercado, el autor detiene nuestro aliento (… Y una luz borró mis ojos, borró mis labios… Y ya no toqué mis juguetes, ni oí promesas de amor bajo un árbol del camino, ni tuve marido a quien honrar, ni puse nombre a mis hijos). Tal vez esos ejércitos nocturnos son asesinos de nuestras esperanzas; fuerzas adversas que matan con sus malas artes nuestro objetivo irrenunciable de un mañana mejor.

En Autografías y en Relatos, apartados con los que concluye el libro que comento, la literatura se hace más extensa y nos adentra en un sentir más sólido y sosegado, menos turbulento e impreciso. La metáfora en la expresión y el sentimiento, dejan paso a un contar más realista, menos simbólico y más apegado a lo cotidiano, a la normalidad en la que el ser humano se desenvuelve habitualmente. Desaparece la forma poética en la expresión para conducirnos por una prosa ajustada, aunque no carente, ni mucho menos, de encanto narrativo, a lo largo de un puñado de interesantes historias que no pretenden ahondar en supuestos psicológicos ni metafísicos, sino exponer determinadas reflexiones y comportamientos de los personajes, en contextos y situaciones precisas. Desde Memorias de un Cimbalista a Locura de Piernas, entre otros, seremos partícipes de lo que con acierto nos cuentan al oído ciertos personajes, mostrándonos su peculiar y singular atractivo interior, y hasta exterior en algún caso.

El libro ha concluido dejándonos ese poso de perplejidad y admiración que el autor pretendió regalarnos en cada renglón, a cada página. Sólo me resta añadir que Noticia de este mundo, de Gonzalo Muro, siendo un libro absolutamente singular, nos muestra una simbiosis entre prosa y poesía no rimada y entre expresión realista y prolongada metáfora, que seguro ha de atrapar al futuro lector en profundidad, de principio a fin, como lo hizo conmigo.

 

 

                     Antonio Briones Torres -Capayespada-   

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Comentarios

Felicitaciones Capayespada, admiro su labia, su capacidad de escribir y expresar sentimientos que son difíciles de escribir en una computadora. Me encanta tener la oportunidad de leer críticas, comentarios u opiniones inteligentes ya que por desgracia hoy en día abunda mucho más las críticas, comentarios y opiniones destructivos que no se fundamentan en ningúna lógica razonable y no son argumentables.

Rodrigo Ramos Larrosa

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Gracias, Rodrigo ;))

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